Joost Scharrenberg

Mindfulness Teacher and Growth Hacker
comprar viagra | comprar cialis | comprar clomid | comprar xenical | comprar levitra

Carl Honoré, el embajador del Movimiento Slow

Entrevisté la semana pasada a Carl Honoré para Sloyu.com. Carl es un periodista premiado, escritor y conocido orador en conferencias de TED. También es embajador del Movimiento Slow en el mundo.

Sus libros, Elogio de la lentitud y Bajo presión (Educación Slow) han sido traducidos a más de 30 idiomas y han estado en las listas de mejores ventas en muchos países. El último libro de Carl, publicado en el 2013, es La lentitud como método. Explora como resolver problemas en diferentes áreas de la vida (los negocios, la política, la salud, relaciones…) sin optar por soluciones rápidas superficiales y de corto plazo.

Carl Honoré

Entrevista con Carl Honoré

¿Hay un antes y un después en tu vida respecto a vivir más lentamente? ¿Qué fue lo que te hizo cambiar?

Sí, absolutamente.

Definitivamente he cambiado, para mí hay un muy claro antes y un después. Antes probaba siempre de hacer cada vez más y más en menos tiempo. Me importaba la velocidad y la cantidad. La mayoría de las veces me sentía apresurado. Ahora cada cosa que hago procuro hacerla lo mejor que puedo en vez de lo más rápido posible. Esto ha cambiado mi concepción del tiempo: ya no me siento un esclavo de el. Ahora siento que tengo el tiempo necesario para hacer lo que me propongo y nunca me siento apurado (a pesar de que tengo una vida excitante y plena). Y no es una paradoja. Se trata de encontrar el equilibrio adecuado y de no obsesionarse con el tiempo.

Mi llamada para cambiar llegó cuando estaba a punto de comprar una colección de cuentos cortos – de 1 minuto! – para leer a mi hijo antes de dormir. En este momento me di cuenta que mi adicción a la velocidad era tan fuerte que estaba dispuesto de reducir los momentos preciosos con mis hijos al final del día. Pensé que vivir así de rápido en realidad no es vivir. Es cuando empezé a investigar la posibilidad de vivir de una manera más pausada.

No es fácil adoptar un estilo de vida más lenta en una sociedad que parece premiar y apreciar la rápidez. ¿Cuáles suelen ser los obstáculos más importantes que tenemos que sortear para bajar la velocidad y aumentar la calidad de nuestra vida?

No es fácil ir más despacio.

Hay un montón de razones por las que vamos rápidos. Una de ellas es que la velocidad es divertida, atractiva, es un subidón de adrenalina. Es como una droga y nos hemos convertido en adictos a ella. Otra razón por la que nos aceleramos es por codicia: el mundo es una gigante mezcla heterogénea de actividades que hacer, consumir, experimentar y lo queremos todo. El problema es que quererlo todo es como tener la receta para acelerar. Otra razón: nuestra propia mortalidad, queremos acumular tantas vivencias como sea posible antes de que se nos termine el tiempo aquí. Otra razón la encontramos en nuestros puestos de trabajo que ejercen presión sobre nosotros y nos conducen a trabajar más rápido y más tiempo. La tecnología nos acompaña: estamos rodeados de aparatos que permiten y nos animan a hacerlo todo más y más rápido. Y el miedo: correr de un lado a otro en un estado de distracción constante es una buena manera de evitar hacerse las preguntas profundas no resueltas que todos tenemos ocultas en el interior.

Todo ello nos lleva a tener una relación neurótica con el tiempo: tenemos tanto miedo de perder el tiempo que nos apresuramos a llenar cualquier momento libre con actividades. Y si además tenemos en cuenta el tabú que hay ahora en contra de la desaceleración, que incluso cuando sentimos en nuestros cuerpos que desacelerar sería bueno para nosotros, nos cuesta mucho hacerlo. Tenemos miedo a que se burlen de nosotros.

Pero desacelerar es posible. Nadie vive aislado y cuando decidimos ralentizar tenemos que tener en cuenta que nuestra decisión impactará en las personas que nos rodean. Así que avisé a mis amigos y colegas, les expliqué que iba a hacer menos actividades, que en algunos momentos me desconectaría de la tecnología y que les pediría más tiempo para realizar los trabajos. Al principio temía que esto iba a alienarme de la gente, e inicialmente unos pocos se mostraron escépticos. Pero muy pronto la gente entendió que ya no me podían encontrar las 24 horas del día y que no pensaba decir que sí a todas las ofertas laborales o sociales y que quizás me gustaría tener un poco más de tiempo para terminar las tareas. Y descubrí que la gente a mi alrededor, después de verme reducir la velocidad, empezó a implementar cambios similares en sus propias vidas.

Es una realidad, la mayoría de nosotros intentamos hacer demasiado. Un primer paso para desacelerar es hacer menos, así damos prioridad a las cosas que realmente son importantes y dejamos ir todo lo demás. Cuanto menos haga, menos presión habrá por ir rápido.

Comunicar las razones por las que usted va a ralentizar es esencial para que la gente le entienda. Juntos podemos abordar el tabú contra la lentitud. Si practica el ejemplo “Slow” hágalo saber, la gente comprenderá su desaceleración.

Reducir la velocidad, un esfuerzo que vale la pena. Disminuir la velocidad elimina el estrés constante que provoca la falta de tiempo suficiente. Nos permite descansar y recargar nuestro cuerpo y mente. Mejora nuestra dieta y el medio ambiente en que vivimos y fortalece nuestras relaciones y colectividades.

Disminuir la velocidad aporta calma interior. Esto es bueno no solo para la salud mental, sino también para pensar de manera más creativa. Ralentizar otorga tiempo y espacio para reflexionar profundamente, provoca la mirada interior y hace surgir las preguntas más vitales: ¿Quién soy yo? ¿Cuál es mi papel en el mundo? Encontrar las respuestas trae mayor profundidad y significado a la vida resultando en una sociedad más cohesionada en la que la gente se interesa por el bienestar de los demás.

Disminuir la velocidad nos permite ser más eficientes. Nos equivocamos menos y tomamos mejores decisiones. Nos proporciona más placer y nos permite vivir nuestras vidas en vez de correr a través de ellas. Extraer el placer de las cosas que realizamos, como en la famosa frase de Mae West “Cualquier cosa que valga la pena hacer vale la pena hacerla lentamente.”

No tiene que renunciar a su trabajo ni mudarse al campo a cultivar zanahorias orgánicas para unirse al seno del movimiento “Slow”. Puede ser Lento en cualquier lugar porque Lento es un estado de ánimo. Es “cambiar el chip.

La sociedad de hoy se caracteriza por la abundancia de información y estímulos a través de las nuevas tecnologías: internet, las redes sociales, los móviles… Sé que estás presente y activo en Internet a través de tu website, facebook, una cuenta de twitter e instagram. ¿Cómo podemos usar las nuevas tecnologías útilmente? ¿Cuáles son tus recomendaciones respecto a las nuevas tecnologías?

La gente a menudo asume que como promotor del movimiento “Slow” debería estar en contra de las nuevas tecnologías. Creen para desacelerar solo hace falta tirar los gadgets. Sin embargo, nada podría estar más lejos de la realidad. No soy un ludita. Me encanta la tecnología y poseo todos los últimos extras de alta tecnología. La Web te permite hablar y escribir a cualquiera en cualquier momento en cualquier lugar y esto es estimulante. Nos libera de las limitaciones del tiempo y del espacio, la comunicación móvil nos ayuda a aprovechar el momento.

Pero tenemos que usar los gadgets sabiamente. De lo contrario, empiezan a volverse en contra nuestra. Se convierten en nuestros amos y nosotros en sus esclavos.

Estar siempre conectado tiene graves repercusiones: se come nuestro tiempo privado, nos mantiene distraídos para que pensemos menos bien, cansa. Incluso las compañías de alta tecnología nos envían este mismo mensaje: Hewlett-Packard advierte de que las constantes interrupciones electrónicos causan que nuestro IQ caiga 10 puntos, dos veces el efecto de fumar marihuana. Cuando nos mantenemos conectados demasiado tiempo, la tecnología, diseñada para unirnos, termina separándonos al volvernos incapaces de prestar toda nuestra atención a la gente con la que estamos en el mundo real. Si se utiliza la red de forma inteligente puede enriquecer nuestras vidas con información y relaciones sociales. Si nos convertimos en adictos a ella, puede abrumarnos.

El ser humano necesita momentos de silencio y de soledad; para descansar y recargar; pensar profundamente y de manera creativa; para mirar hacia dentro y enfrentarse a las grandes preguntas: ¿Quién soy yo?, ¿Cómo encajo yo en el mundo? ¿Cuál es el significado de la vida? No se puede soñar o reflexionar cuando la mente está ocupada leyendo el nuevo mensaje de Whatsapp o si es el momento para un tweet fresco.

Estar siempre conectado también hace que sea difícil dejar de mirar y oler las rosas proverbiales. Echamos de menos a los detalles del mundo que nos rodea cuando nuestros ojos están pegados a una pantalla. Cuando nos atenemos a los itinerarios prescritos por nuestro GPS perdemos la alegría de descubrir los lugares por nuestra cuenta, o por casualidad. Si cuando viajas te dedicas a bombardear con textos, tweets y material de audio y video a amigos y familiares que se han quedado en casa, nunca te sumergirás por completo en ese nuevo lugar.

La verdad es que la comunicación de más no siempre significa mejor comunicación. En las zonas de juegos de los parques de todo el mundo, se ve a los padres usando sus teléfonos, mientras pasan “tiempo de calidad” con sus hijos. Las encuestas sugieren que una quinta parte de nosotros ahora interrumpe el acto sexual para leer un correo electrónico o contestar una llamada. ¿Es esto aprovechar el momento, o desperdiciarlo?

Tenemos que conseguir alcanzar una relación equilibrada con la tecnología. Eso significa encontrar la disciplina y la imaginación necesaria para utilizarla con más prudencia. Para conectarnos cuando ello nos une y enriquece nuestras vidas y para desconectarnos cuando la comunicación cara a cara o incluso un poco de silencio sea necesario.

Estos son algunos consejos:

1. Dedique algo de tiempo cada día a apagar todos los artilugios. No hay excepciones. Y ningún retroceso.

2. Para neutralizar la ansiedad que provoca la desconexión, avise a sus amigos y colegas que no va a estar disponible durante las 24 horas del día para que sepan que pueden encontrarle en un horario determinado.

3. Programe alguna actividad al aire libre todos los días y aparque el teléfono. La naturaleza actúa como un bálsamo calmante.

4. Mantenga un diario o una cuenta corriente del tiempo que está delante de una pantalla durante una semana. A veces, ver por escrito la cantidad de horas que se han invertido en utilizar la tecnología sirve para concienciarte y decidir recortar.

5. Salga de casa sin un cargador de teléfono. Se verá obligado a utilizar el teléfono con mayor moderación para evitar quedarse sin batería.

6. Apague cualquier pantalla media hora antes de acostarse y no las vuelva a conectar hasta después de media hora de despertarse. Esto le dará el tiempo y el espacio para pasar a un ritmo más saludable.

7. Descanse desconectando los aparatos unos momentos al día.

8. Apague sus notificaciones (Instagram, Whatsapp , etc.) De esa manera puede decidir cuando ver una actualización en lugar de que constantemente le distraigan esos sonidos.

9. Realice actividades libres de tecnología, algo como yoga, meditación, ecología, lectura , cocina, …lo que más le apetezca.

Carl Honore with umbrella for Happiness & Its Causes 2013

Sé que tu trabajo te exige que viajas frecuentemente. ¿Cómo gestionas que esto no afecta a tu vida personal? ¿Es compatible con una vida slow?

Sí, se puede compaginar los viajes con una vida lenta. ¡Pero solamente si viajas de una manera Slow!… que es lo que hago yo.

Limito mis viajes y declino muchas invitaciones. Reservo tiempo suficiente para todo lo que hago así no tengo que correr. Dedico tiempo para conocer la cultura local y la gente tanto como me es posible. Nunca viajo sin una novela para leer, mis zapatillas de correr (correr es una gran manera de explorar un lugar) y un cuaderno para anotar ideas. Últimamente he descubierto la alegría de la pintura y he invertido en un equipo portátil de acuarelas y un bloc de esbozo que tengo la intención de llevar conmigo en mis futuros viajes. Todo esto me ayuda a desacelerar.

Además, los aviones son un oasis donde puedes escaparte de la presión de la WiFi. Yo utilizo esas horas de vuelo para soñar, reflexionar, leer y recargar mis baterías. En otras palabras, me pongo en modo lento!

Cuando vuelvo a casa tras un viaje no empiezo a trabajar en seguida, si he estado en la carretera, me tomo unos días de descanso. Cuando estoy en casa, no trabajo por la noche y nunca lo hago durante los fines de semana. Generalmente trabajo de 10-6 y descanso durante el almuerzo. Cada día de la semana desayuno y la ceno con mi familia y muchas veces dos días de la semana vuelvo a casa temprano para estar con mis hijos.

¿Meditas o practicas mindfulness? ¿Crees que es importante practicar alguna forma de meditación para adoptar un estilo de vida lenta?

Sí, creo que es esencial. No tiene que ser meditación formal o mindfulness. Pero todos tenemos momentos en los que desconectamos, nos desaceleramos y dejamos nuestra mente vacía. Esto reduce el estrés, mejora la calma y agudiza la concentración lo que impulsa nuestra creatividad y eficiencia. También nos hace más felices.

Trato de encontrar una hora todos los días para sentarme en un lugar tranquilo a simplemente respirar. Puede ser que sea en una habitación vacía en la oficina, mi dormitorio, una iglesia en el centro de la ciudad. En cualquier lugar que me permita desviarme de la circulación loca y reencontrarme conmigo mismo en paz.

¿Podemos todos – sin excepción – adoptar una vida Slow? ¿O es este estilo de vida incompatible con determinadas profesiones o circunstancias familiares? Me refiero, por ejemplo, a directores de grandes empresas, vendedores que siempre están de viaje, padres solitarios con trabajos exigentes…

Es evidente que algunas personas tienen empleos o circunstancias familiares que hacen que sea más difícil, a veces mucho más difícil, vivir más lento. Pero yo creo que es posible para todos.

A veces empieza con un pequeño paso: apagar el teléfono durante una hora al el día, comer el almuerzo lejos de su lugar de trabajo o ordenador; tomar sólo unos minutos más para pensar en una decisión de trabajo, la lectura a tu hijo de un cuento para dormir, sin saltarse líneas y párrafos o páginas.

Qué opinas de las métodos que usamos para educar nuestros hijos… ¿Qué cambiarías en los sistemas de educación para crear seres más lentos y más conscientes?

Creo que lo estamos haciendo todo mal. Tratamos a los niños como productos o proyectos en lugar de como personas. Hemos convertido la infancia en una carrera hacia la perfección.

Muchos países han convertido las aulas en cintas transportadoras donde los niños se rellenan con aprendizaje académico y luego son testados una y otra vez. Nos resulta difícil dejarles ser. Preferimos estructurar, monitorear y medir todo lo que hacen como si la crianza de un niño fuera lo mismo que desarrollar un producto. En lugar de dejarles jugar a su aire en el parque, les apuntamos a deportes organizados o les mandamos hacer tareas complejas para estar bajo la atenta mirada de un personal capacitado y de cámaras de CCTV. Incluso ir a jugar a casa de un amigo ha sido rebautizado como “cita para jugar.” Y esto resulta contraproducente en los niños en muchos aspectos. Ahora tenemos la generación de niños más gordos que el mundo ha visto jamás. Los niños atléticos sufren lesiones graves en cifras récord porque hemos profesionalizado deportes juveniles.

Los niños que están bajo presión por querer ser perfectos pueden llegar a ser menos creativos. No tienen ni el tiempo ni el espacio para explorar el mundo en sus propios términos, no aprenden a tomar riesgos ni a cometer errores. Estos niños tampoco aprenden a pensar por sí mismos, sólo hacen lo que se les dice. Les cuesta mirar dentro de sí mismos para trabajar lo que son, porque están muy ocupados tratando de ser lo que otros quieren que sean. Sufren de más estrés y agotamiento y no consiguen disfrutar con lo que hacen, por lo que se aburren con mayor facilidad.

Esos niños que han tenido cada momento de sus vidas micro administrado, organizado, supervisado y programado por sus tutores, les será más difícil mantenerse a si mismos cuando sean adultos. En otras palabras, nunca crecerán. Es por eso que cada vez más estudiantes universitarios sufren problemas de salud mental y no es la primera vez que alumnos de 19 años de edad entregan el teléfono móvil a sus profesores durante una entrevista diciéndoles: “¿Por favor, resuélvalo con mi madre?”

Los niños necesitan aprender poco a poco a hacer frente a los riesgos, al miedo y al fracaso. Si se les envuelve en lana y algodón, crecen pensando que el mundo les debe un viaje gratis y fácil. El descubrimiento de que la vida es más difícil de lo que piensan puede ser un shock enorme si todo viene a la vez. Esa es una razón por la que cifras record de estudiantes universitarios en todo el mundo están desorientados. Después de pasar tu niñez en una jaula de oro o colocado en un pedestal, cuando llega el momento de dejar la casa de la familia uno se encuentra la dura y áspera caída a la vida real.

Los niños no dedican demasiado tiempo al juego no estructurado. Esto es un problema y una realidad, porque este tipo de juegos son esenciales para un desarrollo saludable. Inventar un juego estimula el cerebro, enseña a pensar de forma creativa, inventar, permite experimentar cómo llevarse bien con los compañeros y ayuda a ver que tu y el sitio que ocupas en el mundo tiene sentido. Jugar de verdad es el mejor destructor de la tensión que existe.

El cordón umbilical se mantiene intacto incluso después de la graduación. Para reclutar a graduados universitarios, empresas de primera línea, tales como Merrill Lynch han comenzado el envío de “paquetes” a los padres o celebran jornadas de puertas abiertas para que los padres puedan ver sus oficinas. Los padres incluso aparecen en las entrevistas de trabajo de sus hijos para ayudarles a negociar los paquetes salariales y las vacaciones.

Creo que estamos también en peligro de cargarnos la tremenda simple alegría, de ser niño.

¿Qué iba a cambiar en las escuelas?

Me gustaría construir una educación entorno al entendimiento, los niños aprenden mejor cuando toman las riendas de su propio aprendizaje. Cuando se les permite explorar el mundo a su propio ritmo. Cuando se les permite aprender cosas solo cuando estén listos para aprenderlas, y no cuando el sistema decide que deben aprenderlas. Muchos de los más ricos aprendizajes no se pueden medir con exámenes o gráficos o tablas. Esto deja espacio para un poco de competencia sana pero no se convierte la escolarización en una carrera donde el ganador se lo lleva todo al pasar la línea de meta. Permite a los niños un montón de tiempo fuera del aula para descansar, reflexionar y procesar lo que han aprendido en la escuela. La escuela debería tratar de crear todos los aspectos del carácter de un niño y no estrictamente centrarse en el logro académico mensurable y ser ciudadanos completos en lugar de robots que aprueben un examen y evitar el control burocrático centralizado y devolver el poder a las escuelas individuales para poder decidir lo que es mejor para nuestros hijos.

Hay dos peligros que conlleva la educación lenta. La primera es que no daría suficiente desafío a los niños muy inteligentes, y la segunda es que podría no ofrecer la suficiente estructura y presión para los niños procedentes de entornos desfavorecidos. Pero creo que si se diseñara correctamente un sistema educativo lento, se evitarían ambos peligros y se atendería bien a todos los niños.

Si fueras el presidente de los EE.UU. ¿cuál sería tu primera medida para crear un país más Slow?

Vaya idea!

Me gustaría establecer las vacaciones pagadas legales para todos los estadounidenses. Los EE.UU. es el único país desarrollado que no tiene este derecho consagrado legalmente.

También prohibiría los Drive-thrus a cualquier persona que no reuniera los requisitos necesarios para obtener un permiso de estacionamiento para discapacitados. Hay restaurantes, cafés, bancos, supermercados Drive-Thru. Si los estadounidenses se bajaran de sus autos y caminaran más, serían una sociedad más lenta. En el buen sentido.

Tu último libro, “La lentitud como método”, está lleno de ejemplos prácticos de organizaciones y empresas que aplican un enfoque de la lentitud. En tu libro dices que el movimiento lento está ganando fuerza en las empresas y la sociedad. ¿Nos puedes dar ejemplos degrandes empresas que están aplicando el método de la lentitud?

Sí, por supuesto.

Atos, una compañía francesa de servicios globales de IT y consultoría con 70.000 empleados en 42 países, ha puesto en marcha un “programa de correo electrónico cero” lo que significa que el email sólo será utilizada cuando sea necesario. Se espera que los miembros del personal se comuniquen por teléfono o en persona.

Volkswagen, en Alemania, ha ajustado sus servidores de Blackberry para que el personal ya no pueda enviar o recibir correo electrónico fuera de las horas de trabajo.

Se promocionan las relaciones públicas en una firma de relaciones públicas de 25 empleados con sede en Chicago donde cortaron las comunicaciones de sus smartphones creando una nueva política: “apagón de BlackBerry” que prohíbe al personal responder a llamadas o correos electrónicos de 6 pm.-06 am. entre semana y desde la noche del viernes al lunes por la mañana.

Boston Consulting Group también ha conseguido que el personal apague sus aparatos.

Todos son ejemplos de grandes empresas que ponen límites de velocidad en las autopistas de la información.

¿Cuáles son tus proyectos futuros y cuándo te podemos ver otra vez en España o Latinoamérica?

La Lentitud como Método acaba de salir, así que ahora no tengo planeado escribir otro libro. Siempre me tomo algún tiempo entre libros para averiguar sobre lo que quiero escribir y cómo. Es un proceso muy lento!

Mientras tanto, doy charlas sobre “slow” en todo el mundo e intervengo en programas de radio y televisión sobre el mismo tema. También doy talleres sobre crianza lenta. Mi plan es crear otros talleres más generales sobre la desaceleración, pero tengo que encontrar el socio adecuado para trabajar en esto. También estoy pensando en la creación de un premio mundial para las personas que están poniendo la filosofía “slow” en acción. Podría llamarlos los premios “Good Slow”.

Tengo un montón de invitaciones para exponer en España y América Latina este año, y seguramente podré confirmar algunas pronto. Estaré de vuelta. Lo prometo!

Muchas gracias por tu tiempo, Carl! Ha sido un auténtico placer entrevistarte.

Carl Honoré

Enlaces relacionados:
Libros Carl Honoré: Elogio de la lentitud / Bajo presión / La lentitud como método
Website y blog de Carl Honoré
Página oficial en Facebook de Carl Honoré
Cuenta de Twitter Carl Honoré

Traducción al castellano: Judith Anglada Bonamusa

Etiquetas: , , , , ,

1 Comentario

Trackbacks

  1. Bitacoras.com

Escribe una respuesta