Cuando somos niños nuestro corazón es GRANDE y totalmente abierto. Nos acercamos a las cosas nuevas sin miedo alguno y nos mostramos tal como somos. Nos enfadamos y sacamos nuestra rabia, lloramos al estar triste o sentir dolor y reimos a carcajadas sin verguenza alguna…

No pensamos las cosas, las sentimos.

Corazón

… y luego la mente toma el control

Mientras vamos creciendo nos enseñan no confiar en nuestro corazón y nos dicen que hay que pensar las cosas bien antes de actuar. Nos educan que es bueno ocultar nuestras emociones y fingir estar de una u otra manera. Poco a poco creamos así una protección o barrera alrededor de nuestro corazón. Ya no mostramos quienes somos de verdad, ahora es nuestra mente la que controla nuestra vida…

«No se ve bien sino con el corazón; lo esencial es invisible a los ojos», Antoine de Saint-Exupery

Lo malo es que así nuestra rabia, tristeza y alegría quedan atrapadas en nuestro interior y esto nos hace sentir mal. En los casos extremos nos enfermamos: estrés extremo, ataques de rabia, depresiones, enfermedades mentales, enfermedades de corazón… Además nuestras decisiones se convierten en un proceso mental donde ya no participa nuestro corazón. Nuestro comportamiento es egoïsta, buscamos únicamente nuestros propios intereses. Tenemos muy poca sensibilidad con los demás (los vemos como competencia no más) y no cuidamos lo que hay alrededor nuestro, por ejemplo destrozamos sin piedad la naturaleza.

Equilibrio entre corazón y mente

Ningun extremo es bueno y para estar en equilibrio (tanto como individuo como sociedad) necesitamos nuevamente abrir nuestro corazón. Permitir que salen nuestras emociones sinceramente, mostrarnos tal como somos, abrirnos a la intuición y a lo que nuestro corazón nos quiere decir, buscar la colaboración y cooperación con los demás sin miedo a que nos hacen daño…

El objetivo final es que nos guia nuestro corazón y que nos apoya nuestra mente. O sea, si lo extrapolamos a la sociedad… que prevalecen los valores y la cooperación y que nos apoyan la ciencia y la comunicación.

«Si quieres respuestas, abre la puerta del corazón hacia dentro. Todo el universo está ahí.»